El niño y la flor

Había una flor triste y solitaria,

en un jardín olvidado.

Era tan pequeñita, que todos se habían ido de la casa

y entre los arbustos la habían dejado.

Era más roja que el sol ardiente

pero nadie la veía desde la calle.

Aunque pensaba que algún día sería grande,

que un día crecería,

este día, en que todos se fueron,

la olvidaron.

Sus lágrimas, del tamaño de una hormiga,

corrían como un río por su tallo y sus espinas

y nadie oía sus gritos desesperados.

Pero fueron estas mismas hormiguitas,

las nobles obreras de la tierra

que a sus pies se habían quedado,

que llamaron a aquel niño que pasaba por la calle,

cantando, despreocupado.

Le hicieron cosquillas con sus paticas

y el niño no tuvo mas remedio que mirar;

y lo que miró fue lo más hermoso.

Era la flor más bonita que había visto,

con pétalos tan suaves y brillantes

como la seda que nunca había tocado.

Le dio un beso, el más amoroso,

secó sus lágrimas

y por la magia de su beso,

la pequeñita rosa creció.

Estaba tan feliz, que hasta el cielo se empinó.

Tocó al Sol y a la Luna,

con las estrellas bailó.

Se sintió libre y agradecida,

abrazó a su pequeño nuevo amigo

y en ese abrazo,

como el mismo universo, aquella amistad se hizo enorme.

El niño ahora es un adulto, todo un hombre

que cada día, con el primer rayo del sol,

antes de ir a trabajar,

sale al jardín de aquella casa que compró

y le da un beso y el mejor “buenos días”

a su eterna amiga, la flor.

El fantasmita Balulú

El fantasmita Balulú

no tenía amigos

con quien jugar,

se sentaba solo en el parque

y se ponía a llorar.

 

Llegó nuevo a un colegio

donde todos los fantasmas

ya se conocían,

nadie hablaba con él

¡parecía que no lo veían!

 

Pero un día todo cambió

al convertirse en el campeón

de un juego de clase,

y es que en mates no había

fantasma que le ganase .

 

Cuando le preguntaron

a Balulú qué premio

le gustaría ganar,

dijo sin dudar:

¡que ningún fantasmita

esté solo  nunca más!

Taller de escritura: 1. Mi mascota, ¡qué historión!

Te propongo 2 actividades:

1. Mi mascota. Imagina que tienes una mascota y le pones un nombre divertido. Puedes usar las siguientes fórmulas. Fíjate en los ejemplos.

– Verbo + adverbio: Despiertamañanas (para un gallo).
– Nombre + adjetivo: Lunazul (para una gata).
– Haciendo la palabra esdrújula + -r o -l final: Sábanar (para un perro).

2. Historión. Inventa una historia para explicar a tus amistades por qué se llama así tú mascota. Recuerda debe ser fantástica, tu mascota se lo merece.

Sábanar
Lunazul
Despiertamañanas

La sonrisa perdida

La sonrisa

del hada Felisa

se perdió una mañana.

Ella, con su varita,

intentó recuperarla.

Pero nada por acá

y nada por allá,

su sonrisa 

seguía sin encontrar.

El ratón Ramón

observaba todo

muy atento

y se acercó 

a Felisa

para contarle

un cuento:


“Érase una vez

una niña 

muy traviesa,

que siempre 

tenía una sonrisa

de oreja a oreja. 

Pero un día

su mejor amiga

se fue muy lejos

y ella no sabía

qué hacer con

sus sentimientos.

Poco a poco

descubrió 

que las lágrimas

eran la mejor tirita,

para que las penas

se hicieran chiquitas.

Y, una vez curadas,

volvió a jugar,

luciendo aquella sonrisa

tan especial”.


El hada Felisa

aprendió la lección:

no había magia

que cambiara

lo que sentía 

su corazón.

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